Guerra y Paz

Publicado por ElEuropeo

Las que empezaron como poéticas rebeliones, más o menos pacíficas, de pueblos oprimidos que, cabalgando el moderno y el posmoderno (Twitter y Facebook, Wikileaks y Al Jazeera), fueron capaces de cambiar la historia, ahora se han embotellado en la más clásica de las guerras civiles, incluso tribales.

El Mediterráneo ha forzado de nuevo a todo el mundo, ansioso de volver la mirada hacia los amplios espacios del Pacífico (después de haber chapoteado durante mucho tiempo en el Atlántico), a redirigir su atención hacia ese charco en donde se asoman tres continentes, tres religiones y alrededor de seiscientos millones de personas. El siglo XXI, dominado por los Estados Unidos del hawaiano Obama y por los ambiciosos países BRIC (Brasil, Rusia, India y China), y que ya parecía olvidarse de la vieja Europa y del pequeño Mare Nostrum, ha tenido que volver a mirarnos. ¿Y nosotros cómo nos hemos hecho encontrar? Pues, como siempre, en ropa interior, con los platos sucios y tirándonos de los pelos.

Alemania se ha declarado contraria a cualquier intervención militar en Libia, se ha abstenido sobre la resolución de la ONU contra Gadafi, ha retirado hombres y barcos desde el mando de la OTAN en el Mediterráneo y bromea constantemente sobre los errores de la coalición. La Francia hiper-agresiva de Sarkozy se ha involucrado en una guerra personal contra el Coronel, ha atacado sin esperar a los aliados, bombardea convoyes y almacenes y se opone al traspaso del mando de las operaciones a la OTAN. A los pocos días, Alemania ha destruido la credibilidad política de la UE, mientras que Francia ha destrozado la de la OTAN, reducida a una especie de club de fumadores en tiempos de guerra al tabaco. Por otra parte, el eje franco-alemán ya había mostrado una admirable lucidez durante la reciente crisis sísmica y nuclear de Japón. Angela Merkel, a la espera de que se calmaran las aguas y las placas, congelaba durante tres meses una “leyecilla” suya, que establecía la extensión de la vida de las centrales nucleares alemanas, únicamente por miedo a perder unas dichosas elecciones regionales. La ultranuclearista Francia antes aseguraba que “no estaba pasando nada”, luego precisaba que tal vez era mejor que todos los súbditos de Su Carlà estacionados en Japón volvieran rápidamente a su país, donde, es sabido, sus 59 centrales nucleares hornean deliciosas madeleine de mantequilla…

Italia, por lo muy poco que pinta, envió a sus ingenieros a Tokio para medir el nivel de las radiaciones y descubrió que las de Roma eran muy superiores… Y eso que ni siquiera tiene centrales. Por lo de Libia, primero (y por boca de Culo Flácido) no se quiso molestar al Coronel. Segundo se le dió por derrotado y exiliado. Tercero nos dió una pena tremenda y personal. Cuarto volamos, pero no disparamos. En fin, que estamos, pero no estamos, según antigua y exitosa tradición. España contribuye a la no-fly zone, con el envío de un submarino… Vete a saber. Queda Inglaterra, que con Europa no quiere tener nada que ver y que si hay que jugar con los cañoncitos nunca se echa atrás.

En fin, que Europa no existe. Los programas de cooperación militar están en declive incluso en comparación con los años 80 y 90, la época del Eurofighter y también la política de abastecimiento energético, que debería ser común, ve a todo el mundo proceder en esplendida soledad. La Alemania del Nord Stream (el gasoducto ruso-alemán) anuncia el abandono de la energía nuclear y también de las operaciones contra Gadafi; al mismo tiempo, Francia defiende sus centrales y se tira de cabeza sobre el gas del Coronel… ¿Acaso han oído una sola palabra salida de la boca de esa figura mitológica que es el Mr. Pesc, el supuesto superministro de política exterior de la Unión? Qué va, aquí cada uno a su bola.

Nuestros vecinos de la Liga Árabe, el único posible mediador creíble de cara al Perro Loco de Trípoli, no han quedado mucho mejor. De hecho, parece que hayan vuelto hacia antiguas y nunca superadas posiciones de ambigüedad levantina. En primer lugar han reclamado a grandes voces la creación de una no-fly zone. Inmediatamente después de haberla obtenido, han comenzado a criticar los ataques necesarios para que ésa funcione. Charlan continuamente de pan-arabismo (que solo aquel genio de George W. Bush podía creérselo), cuando en realidad se odian y se envidian entre sí, como bien han demostrado los cables de Wikileaks. Los estados árabes (y no son los únicos) nunca asumen la responsabilidad de hacer lo que pretenden que sea hecho por otros, y luego, cuando lo obtienen, comienzan a aplaudir en público y a criticar en privado, o viceversa. Egipto y Túnez no han cambiado nada.

Considero que la resolución 1973 de la ONU ha sido un acto políticamente inevitable. Más que nada para pegar una apariencia de sentido sobre esta polvorienta institución notarial, superada por los tiempos y por los hechos. El problema real es que la resolución ha sido escrita mal y deprisa, dejando prácticamente mano libre a todos. Además, como siempre, explica cómo empezar, pero no cómo acabar. Al igual que con las centrales nucleares, o con los últimos conflictos que tuvimos el placer de vivir, somos muy hábiles para comenzar las cosas, pero pésimos para llevarlas a cabo. De hecho, los estadounidenses ya tienen pesadillas cuando oyen la expresión exit strategy. También por esa razón, y a pesar del petróleo y del gas libio, esta vez los yankees tienen una prisa de mil demonios para quitarse el “marrón” de encima y volver a mirar hacia el pacífico Pacífico.

Para mí la guerra no es un tabú. No soy un pacifista. Soy un tipo pacífico, pero no un pacifista. El tabú de la guerra, de hecho, es anti-histórico y un poco ingenuo. La que vivimos es una época (relativamente breve, en una perspectiva histórica) de pequeños conflictos regionales, con los cuales se amplían sin muchos daños las respectivas esferas de influencia. Sin embargo, tarde o temprano, tenemos que lidiar con el hecho de que “Cartago delenda est”. Es decir, que la guerra, incluso de las grandes, antes o después se monta, de lo contrario, no hay movimiento (hacia adelante o hacia atrás, para bien o para mal). Además, y a lo neto de todos los intereses más o menos ocultos de los occidentales, con un personajito como el Michael Jackson de Libia, que bombardea sin problemas a su propio pueblo, era difícil negociar armados sólo de sonrisas y diplomacia. Los romanos, que ciertamente le daban a las armas sin muchos escrúpulos, sintetizaban: “Dum Romae consulitur, Saguntum expugnatur”, es decir, mientras que en Roma se discute, Sagunto ha sido expugnada.

Por otra parte, siempre se puede apoyar a los gobiernos anti-intervencionistas reconocidos por su profundo respeto de los valores democráticos, como es el caso de China (mosqueada porque, de escaqueo, se estaba comprando media África para asegurarse las materias primas que no tiene y que necesita) o de Rusia (a la que le encanta decir que no a todo, así, por diversión). Ambas, en realidad, están evidentemente preocupadas por el riesgo de contagio revolucionario.

Queda claro entonces que se están perfilando despliegues globales cada vez más definidos. También por eso, hoy, me siento tal vez menos europeo, pero más occidental. De hecho, antes o después, en un bando o en el otro habrá que meterse.

En cambio, otra opción muy útil sería la de ponerse en pelotas y correr a manifestarse en favor de la paz en alguna plaza de Madrid o San Francisco, para luego ir a chupar los techos de las casas de los pitufos para ver si es cierto que colocan…

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