Los chinos no se aburren

Yo me aburro rápido. Dramáticamente rápido. De hecho, escribo frases cortas. Con muchos puntos. Porque si no me aburro. Soy un campeón del argumento, ya que, además de aburrirme con facilidad, también soy una persona aburrida. Puedo crear mi propio aburrimiento. Es como si a alguien alérgico al polen le crecieran margaritas en la cara. Así que soy feliz cuando entro en un bar, pido una cerveza a la camarera María, voy al baño y al regresar el propietario ha cambiado y la bebida me la sirve una chica encantadora llamada Jin Chun. Las novedades siempre son positivas, incluso cuando son negativas, porque al menos bajan el nivel de aburrimiento.

Puedo hacer lo mismo un máximo de dos o tres veces consecutivas, luego tengo que cambiar. O, por lo menos, debo dejar pasar un buen lapso antes de repetir. Así, conservo lo bueno, no lo estropeo y puedo volver a utilizarlo más adelante. Algunas personas, en cambio, cuando encuentran algo que les gusta, repiten obsesivamente hasta la náusea. Y así lo pierden para siempre. Cuando empiezo algo nuevo, llego siempre hasta el final, si el proyecto tiene un plazo. Si no lo tiene, igualmente hago las cosas bien: monto la estructura, le acompaño en los primeros pasos, hasta que, fatalmente, llega un momento en que me aburro y tengo que dejarlo todo. Funciono mejor con los trabajos a plazos. El trabajo fijo es aburrido.

Mi referencia son los chinos. Los chinos son buenos. Cambian de actividad con una velocidad asombrosa. No se aburren y no se apegan a las rutinas. Son pragmáticos. Pasan página rápidamente, se mantienen siempre en movimiento, a pesar de que puedan dar la impresión de estar parados. Una impresión que, por cierto, yo también sé dar muy bien. Los chinos un día abren una frutería. Al día siguiente la convierten en una peluquería y luego en un bar. Te cortan el pelo con una piña si hace falta. Esperan que el cadáver del enemigo pase por el río y, mientras, se adaptan a todo, porque saben cómo mantenerse dentro de la corriente. Los chinos no pierden el tiempo, no se piensan encima. En China existe el Ministerio de la Verdad. Un gran ahorro de tiempo. ¿Que tienes una duda existencial? Pues, el funcionario te pasará un formulario con la respuesta. Pero, mientras tanto, tú no te pares y abre un restaurante. Primero piensa en comer y luego en vestirte, dicen por ahí.

Nosotros, en cambio, somos viejos y repetitivos. El envejecimiento de un pueblo se deduce también de la dificultad con la que se abandonan las costumbres. Nosotros somos muy aburridos. Ahora parece que todo el mundo tenga que especializarse en algo. Sin embargo, yo no me voy a especializar en nada. Hago un poco de todo. Como los chinos. Siempre con resultados entre el mediocre y el discreto. Como los chinos. Tampoco mal mal, a decir verdad, pero nunca rotundamente bien. Me adapto con facilidad, pero no me especializo. Que, al fin y al cabo, en la naturaleza adaptarse sin especializarse sería la clave para la supervivencia. Mientras que en el mundo laboral es el secreto para la irrelevancia. ¿Quién tiene razón entonces? ¿Darwin o Manpower?

Por Eleuropeo.es

 

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Derubricatore
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Una respuesta a Los chinos no se aburren

  1. Buda, renuncio al nirvana para enseñárselo a los hombres y dioses. Jesus, fue crucificado para perdonar el pecado original.

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