Nos hemos cargado internet

Sólo hay una cosa que me molesta más que la obtusa resistencia a la innovación y al progreso, y es la borrachera de novedad y progreso. Los medios de comunicación del siglo pasado, televisión, periódicos y radio, parecen espiar con morbosidad lo que sucede en los nuevos medios. Lo re-machacan un poco y lo venden como si fuera algo revolucionario. En cambio, los contenidos en la red no tienen, casi nunca, nada nuevo. Los gatos ya existían antes de que llegara internet y lo mismo dígase para la pornografía.

La televisión ha muerto cuando se ha convertido en un círculo cerrado y totalmente auto-referencial: la televisión hablando de la televisión. En internet está pasando lo mismo (como demuestra también este post…). El 80% del tiempo en las redes sociales se habla de las propias redes sociales. De si Facebook la tiene más larga que Twitter. Además los social network, que solamente ayer parecían ser la gallina de los huevos de oro, no han logrado desarrollar un modelo de negocio convincente. El dinero, en cambio, fluye sin parar a los sistemas cerrados: los chirimbolos de Apple y sus aplicaciones. Hoy en día podemos pasar una jornada entera en la red, sin acceder al maremágnum de internet. El concepto de ‘navegación’ de los 90 ya casi ha desaparecido.

Así que quiero lanzar un aviso: internet ha muerto. Es posible que esté precipitando un poco los acontecimientos, pero, por otro lado, me gustaría ser recordado como el primero que lo dijo. Después de todo, tarde o temprano va a suceder, por lo que no se me podrá acusar de haberme equivocado, como mucho de haberme adelantado a los tiempos con visionaria lucidez.

Todas las revoluciones antes o después se detienen. La generación nacida a mediados de los años 90, que considera la interconexión como algo normal, está decretando el comienzo del fin del símbolo del siglo XX: el automóvil. Estos chicos y chicas no tienen la necesidad de movilidad de la generación anterior. En los últimos años el dato que refleja el porcentaje de chavales de 18 años que cogen el carné de conducir ha estado disminuyendo constantemente. Se trata de la primera vez en la historia: el coche ya no es un símbolo de libertad. Es probable que esta tendencia no marque la muerte de las cuatro ruedas, pero a lo mejor sí decrete el fin del modelo del auto de propiedad, un simple estatus y un concepto absurdo desde el punto de vista del consumidor (un coche está aparcado el 90-95% del tiempo, pero gasta y se deprecia de todos modos).

Todo fenómeno humano tiene un principio y un fin. Antes del automóvil, ya habíamos enterrado el rock y el empuje propulsor del régimen de Franco, ambos derribados por la llegada de Ramoncín. El World Wide Web no es la culminación de la revolución digital, sino una etapa de ella. Es un poco como si Steve Jobs se hubiese sentado encima de la caja de Pandora de internet, para cerrar la puerta que se habían dejado abierta y restablecer el orden (y el control). Pero, sobre todo, es la llegada del esnobismo que determina el fin de las revoluciones e ya se vislumbran los primeros ludismos gafapastistas. Personalmente, y después de todo, puedo decir que aún me gusta internet, aunque sin duda prefiero los primeros discos…

Por ElEuropeo.es

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Derubricatore
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