La gran comilona electoral

elecciones italianas 2013

“Escúchame, esta vez no hay que votar a la Izquierda, ¡sino a la Super Izquierda!” – “¿Perdona, pero el año pasado tu no eras berlusconiano perdido?” – “Déjate de Berlusconi, habría que matar a ese cabrón. Te digo esto: ¡Cuando en este país mandaba la Izquierda subía incluso el PIB!”. Y cuando en una mesa abundan los grasos saturados, la hiperglucemia siempre le acaba ganando a la lucidez.

Ermanno es mi tío. Es conductor de autobús jubilado. Gran pescador. Vive prácticamente aislado en la montaña desde hace veinte años con su esposa. Mi tía. L’Anna. Ella se dedica principalmente a producir tortellini, asados, tigelle y todo lo que hace superior a la raza emiliana, porque está hecha a base de manteca de cerdo.

Ermanno nunca tuvo las ideas claras. O mejor, siempre las tiene muy claras, pero cambia de opinión sin aviso. Digamos que es un buen termómetro. Sus pavorosas oscilaciones a menudo reflejan la volatilidad del populacho italiano. Esa parte -mínima- de voto disputable, que casi siempre decide el resultado de una elección.

Él, en medio siglo de derecho al voto, no se ha privado de nada. Lo ha votado todo. Y en Italia, especialmente en los últimos veinte años, la oferta siempre ha sido abundante. En cada ronda electoral surgen por lo menos tres o cuatro sujetos nuevos y cada ideología clásica, de izquierda, derecha o centro, se declina en al menos tres o cuatro matices diferentes. Ermanno ha dado ya la vuelta a todo el arco constitucional un par de veces.

Hoy, al parecer, la inercia dice izquierda y es cierto que en Emilia ser de izquierdas no es algo muy original, pero Ermanno ha sido siempre un testarudo rebelde-conformista. Una especie rara. Casi siempre acaba adecuandose al mood general, pero tiene que llegar allí por su cuenta, mientras dobla el hierro para un columpio a regalar a un nieto, o preparara los barriles para el vinagre.

Para las elecciones -las más decisivas desde 1948, dicen-, quedan menos de dos meses y Ermanno todavía podría cambiar de idea. Sin embargo, parecía muy decidido, incluso nostálgico, él, que nunca tuvo ninguna afiliación política. Hablando de los desastres de Cuba, de donde regresé hace poco, me dijo: “Ahora ya ni siquiera la Unión Soviética es lo que era…”. A la montaña las noticias llegan con un cierto retraso. Su cruz será para el Partido Demócratico (su Super Izquierda…). Y es que más a la izquierda del PD está un partido dirigido por un líder abiertamente homosexual y, vale la revolución cultural y todo, pero también Ermanno tiene límites.

En la comida de Navidad, además del neo-compañero Ermanno, también estaban mi tío Keyser Söze y su esposa, Eva Braun. Pequeños industriales. Ellos son los verdaderos perdedores de la Historia. Después de la liberación del meridionalismo clerical de la Democracia Cristiana, soñaron durante veinte años con la llegada de una derecha fuerte, antisocial, norteña y francamente xenófoba. Finalmente han sido traicionados por un putero mentiroso y unos ladrones de más. Ahora odian a todos. Probablemente no votarán. Tal vez habrían votado por Matteo Renzi, el candidato derrotado en las primarias de la izquierda, más que nada porque es un “zóven” (joven, en dialecto emiliano) y porque, parece obvio, no es nada de izquierdas…

El yerno de Keyser Söze es un cantante de piano-bar con coleta. Es la versión posmoderna de Ermanno. Una caña expuesta al viento. Y, de hecho, probablemente votará al M5S, el movimiento nacido en internet y dirigido por un excómico, que de la nada está a punto de convertirse en el segundo mayor partido italiano. Italy is different.

Por último, está mi madre, viuda inconsolable de la Democracia Cristiana. Vaticana, más que italiana. Desesperada por encontrar a un líder (un Mesías, más bien) que encarne las razones de la conservación y que sea, de verdad, temeroso de Dios. Si pudiera votaría al Papa. Su verdadero modelo institucional es Irán, pero ella no lo sabe. Mario Monti, que reúne a los católicos disgustados por el libertino Berlusconi, le ha ofrecido una nueva esperanza. Votará por él.
Pase lo que pase, la próxima Navidad llevaré la grabadora, que luego la gente se olvida.

Por ElEuropeo.es

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